Carta sobre la danza y los ballets
Jean Georges Noverre
Carta XIII
Medina, Macarena.
La coreografía es el arte de escribir la danza por medio de
diferentes signos representativos que se conciben con facilidad, se aprenden
rápidamente y se olvidan de la misma forma. Este género de escritura particular
en nuestro arte fue ignorado por los antiguos y podría haber sido necesario en
el momento que la danza estaba sujeta a principios. Se comenzó a utilizar este
recurso cuando se hacían danzas donde los caminos o figuras del baile se
trazaban de antemano; luego se indicaban los pasos sobre estos caminos por
medio de rasgos y signos demostrativos y convencionales; la cadencia o medida
estaba marcada por pequeñas barras transversales que dividían y fijaban los
tiempos; la melodía sobre la cual se bailaban los pasos, se anotaban en la
parte superior de la página. Con esto se conseguía deletrear la danza siempre
que tuviera la precaución de no cambiar nunca la posición del libro y de
mantenerlo siempre en el mismo sentido. Esto era antes la coreografía: la danza
era simple y poco compuesta, por lo que era fácil escribirla y se aprendía sin
dificultad; pero hoy los pasos son complicados y sus combinaciones son
inmensas, por lo que es muy difícil establecerlas por escrito y aun mas
descifrarlas, ya que además este arte no indica con exactitud más que la acción
de los pies, y si nos indicara los movimientos de los brazos no ordena sus
posiciones ni los contornos que debe tener, ni tampoco las actitudes del cuerpo
y las oposiciones de la cabeza.
Se ha considerado a la Academia de danza como el recinto del
silencio y la tumba del talento de los que la componen. Se han formulado quejas
por no haber visto salir de ella ningún escrito bueno, malo, mediocre,
satisfactorio o tedioso., se le reprocha de no ocuparse del cuidado de instruir
a los bailarines, formando alumnos.
Un alumno que se presenta ante el público es como un cuadro
que un pintor expone en el salón todo el mundo lo ve, lo admira y aplaude, o lo
critica y censura. Antes del que alumno se presente se lo señala como difícil,
imposible y de lo peor aún por su propio maestro. El alumno se presenta, lo
aplauden antes que baile, se mueve con gracia, desarrolla sus formas con
elegancia, sus actitudes son hermosas, sus pasos están “bien escritos”, es
brillante en el aire, vivo y preciso al ras del suelo. Así es como se lo
proclama como un milagro y se lo felicita al maestro quien recibe esos elogios,
mientras que el alumno deslumbrado por el éxito y aturdido por los aplausos se
olvida del nombre de quien le debe todo, el sentimiento de gratitud se borra
para siempre de su alma. Así este comienza a agradar cada vez que aparece,
pronto causara envidia y hará sombra a su maestro, entonces este se rehúsa a
darle lección porque su género es el mismo y teme que el alumno lo supere y lo
haga olvidar. ¡Que pequeñez! ¿Puede creerse que no es honroso para un hombre
hábil formar uno más hábil que él?
Lo que la academia necesitaría es a dos grandes hombres del
arte: el señor Boucher y el señor Cochin: personas capaces de escribir con más
claridad hubiera explicado todo lo que ese plan geométrico no puede presentar
con nitidez, que hubiera explicado los efectos que cada cuadro en movimiento
debía producir, que hubiera analizado pasos y sus encadenamientos, que hablara
de posiciones del cuerpo. Con la ayuda de estos dos hombres, sus académicos
hubiesen podido hacer pasar fácilmente a la posteridad el merito de los maestros
de ballet y los bailarines cuyo nombres apenas se han conservado. La coreografía
con estos detalles sería interesante: plano geométrico, planos de elevación, descripción
de los mismos. Se vería cada detalle de movimiento, de expresión y de
vestuario, todo a través de un lápiz.
Como esto no pudo ser posible, la misma perfección que se
intento dar a los signos que representan pasos y movimientos, solo sirvió para
confundirlos y volverlos indescifrables. Cuanto más se embellezca la danza, mas
se multiplicarían los caracteres y mas inintegible se hará esta ciencia.
Es un erro pensar que un maestro de ballet puede trazar y
componer su obra junto a una chimenea, los que así lo hagan solo conseguirá
combinaciones miserables. El teatro es el lugar adecuado, es donde trabajan los
compositores ingeniosos, donde encuentran una multitud de cosas nuevas. El
maestro debe saber manejar todo, el espacio, el tiempo, movimientos que no sean
imposibles, que exista un conjunto que funcione bien, sino todo seria confusión
y estorbo
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